Por Francisco Salvarredy y Lucio Le Moal en Mapa Politico

Simbolismos y leguaje corporal son algunas de las características de este fenómeno social. Se dice que el contexto determina el proceso cultural juvenil y en ese sentido podemos afirmar que estamos frente a una degradación de la cultura juvenil, en donde prima el individualismo.
El fenómeno de “farmear aura” puede ser comprendido como un producto de determinadas características propias de la posmodernidad y de las transformaciones culturales experimentadas por las sociedades occidentales. La fragmentación de las identidades, la centralidad de la imagen, la búsqueda permanente de reconocimiento y la creciente importancia de la apariencia frente al contenido constituyen elementos que permiten comprender por qué prácticas de este tipo adquieren relevancia entre las nuevas generaciones.
En este contexto, las llamadas agendas culturales también cumplen un papel importante en la construcción de los modelos de comportamiento que circulan entre las juventudes. Los ideales de éxito individual, productividad, competencia, atractivo personal y reconocimiento social se reproducen constantemente en los espacios culturales y mediáticos, instalando determinados parámetros sobre aquello que significa ser admirado, exitoso o socialmente relevante.
La influencia de estos valores no necesariamente opera mediante mecanismos explícitos de imposición, sino a través de procesos de socialización y reproducción cultural. Los algoritmos de las redes sociales constituyen uno de los principales mecanismos contemporáneos de este proceso, donde seleccionan y amplifican determinados contenidos en función de la interacción de los usuarios, generando una exposición reiterada a determinadas tendencias, comportamientos y modelos de vida.
De esta manera, aquello que inicialmente puede presentarse como una simple moda termina adquiriendo apariencia de normalidad y se incorpora progresivamente al repertorio cultural de las juventudes.
Los medios de comunicación tradicionales y digitales participan asimismo en esta construcción de sentidos. A través de la repetición de determinadas representaciones, valores y modelos de éxito, contribuyen a establecer qué conductas resultan deseables y cuáles quedan relegadas. En este sentido, puede hablarse de mecanismos de influencia cultural que operan de manera mucho más sutil que las formas tradicionales de adoctrinamiento. No necesariamente buscan imponer una idea concreta, sino establecer un determinado marco de referencias desde el cual los individuos interpretan la realidad y construyen su propia identidad.
Por ello, “farmear aura” puede ser interpretado como una manifestación particular de un fenómeno donde la transformación de la identidad juvenil constituye una práctica cada vez más orientada hacia la exhibición, la aprobación externa y la construcción estratégica de una imagen. El individuo no solamente es, sino que debe mostrarse, ser percibido y obtener reconocimiento. La lógica de las redes sociales profundiza esta dinámica al convertir la identidad en una suerte de producto permanentemente expuesto a la evaluación de los demás.
Desde esta perspectiva, el fenómeno permite problematizar hasta qué punto las juventudes poseen autonomía para construir sus propias formas culturales cuando sus consumos, referencias y modelos de comportamiento se encuentran mediados por grandes plataformas tecnológicas y por industrias culturales que determinan, en buena medida, qué contenidos alcanzan mayor visibilidad.
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