Por Mapa Político desde Carlos Paz.

La política, cuando olvida el pulso de la comunidad, deviene en abstracción cruel. El experimento tecnocrático que hoy asfixia al tejido productivo nacional encuentra su reverso exacto en el dolor de los mismos sectores que, encandilados por la promesa de un orden abstracto, le entregaron su confianza. Córdoba, la provincia que coronó el dogma del mercado con un rotundo 74%, empieza a registrar el frío de las persianas bajas y las mesas vacías.
Allí, en Carlos Paz, el encuentro que estuvo y compartio Enrique Díaz Brizuela secretario de Enlace comunitario de La Rioja, como coordinador nacional de FEDERALES SOMOS TODOS, dónde lo acompañaron su equipo en Córdoba y los que organizaron el evento Mario Peral presidente de Unión Popular Federal, su jefe de campaña territorial de UPF Ariel Luque, más conocido como «TRINKETTE»la dirigente social Verónica Camargo y el asesor Nicolas Schamne.
En la cena las fuerzas vivas locales —comerciantes, cooperativistas, pymes y dirigentes políticos, como sociales—. Dónde participaron 100 personas del índole que funcionó como un espejo de la realidad profunda del país. No hubo discursos de barricada, sino la escucha atenta de una orfandad económica provocada por el sálvese quien pueda por las políticas del gobierno nacional de Milei.
«Durante el evento, los protagonistas subieron al escenario para tomar la palabra, representar a sus respectivos rubros y analizar el panorama actual de Córdoba.»
Dónde se esta trabajando en conjunto hace dos años el proyecto federal nacional en Córdoba y la gestión de Ricardo Clemente Quintela, en la provincia de La Rioja como ejemplo, para que sea PRESIDENTE.

Frente a la desintegración del lazo social, la Córdoba productiva acude a mirar al norte: el modelo riojano de Ricardo Quintela, que su portavoz fue Brizuela, surge no como un refugio burocrático, sino como un testimonio vivo de comunidad organizada. El Estado no es un enemigo a dinamitar; es el escudo protector y el dinamizador del destino común.
El federalismo real, el de los pueblos integrados, vuelve a ser la única respuesta humanista y patriótica frente al frío invierno del individualismo centralista.

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