ESCANDALO Leila Gianni CONCEJAL LIBERTARIA DE LA MATANZA SALIO EN KAYAK
ESCANDALO Leila Gianni DE LIBERTARIA DEL HONORABLE CONCEJO DELIBERANTE A VIAJAR POR KAYAK
La libertaria Leila Gianni cambió el debate político por el río y salió a dar un paseo a puro remo. Un momento distinto, lejos de los micrófonos y más cerca del agua, que quedó registrado en un reel que ya empezó a circular.
La política argentina no está en crisis por exceso de conflicto, sino por falta de profundidad: cuando una dirigente cambia el debate público por un paseo escenificado, el problema ya no es la grieta, es el vacío.
La imagen de Leila Gianni remando, relajada, lejos de los micrófonos, no es solo un momento “distinto”. Es un síntoma brutal de época. Mientras millones lidian con inflación, incertidumbre y pérdida de horizonte, una figura política decide construir una escena de calma personal. No es ingenuo. Es comunicación calculada. Es algoritmo puro.
Pero lo que parece espontáneo es, en realidad, una operación simbólica: desplazar el eje de la política desde lo colectivo hacia lo individual. Desde la discusión hacia la evasión. Desde el conflicto real hacia la estética del bienestar.
Desde la mirada de Enrique Pichon-Rivière, esto implica una mutación del rol dirigencial. El político deja de ser coordinador de ansiedades sociales para transformarse en influencer de su propia imagen. Ya no interpreta el malestar: lo tapa con una postal. Ya no organiza: entretiene.
La banalización del poder. Gobernar no es desconectarse, es hacerse cargo. Mostrar liviandad en medio de la tensión social no es frescura: es desconexión. Y esa desconexión tiene consecuencias.
La política como reality. No hay proyecto, hay contenido. No hay programa, hay narrativa visual. El problema es que el algoritmo premia lo superficial, pero la realidad castiga la improvisación. Un país no se gestiona como un feed.
El mensaje oculto. Remar sola, en silencio, es una metáfora peligrosa: instala la idea de que cada uno se salva por su cuenta. Es la negación misma de cualquier proyecto nacional. Es el “arreglate como puedas” convertido en imagen.
La Argentina, históricamente, fue todo lo contrario: organización, comunidad, conflicto productivo. La política no era una escapatoria, era una herramienta. Hoy, esa herramienta corre el riesgo de convertirse en utilería.
Y acá está el verdadero chimento político que incomoda: no se trata de un paseo en kayak. Se trata de una generación de dirigentes que confunde visibilidad con liderazgo, exposición con gestión, imagen con realidad.
El país no necesita más fotos lindas. Necesita dirección. Porque mientras algunos reman para la cámara, la Argentina sigue a la deriva. Y esa, aunque no salga en reels, es la escena que realmente importa.

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