Nicolas Schamne para MAPA POLÍTICO
Cesar Milani: 12 años perseguido por una justicia absolutamente parcial, que solo sirve para hostigar hasta el cansancio a todo aquel que sea peronista.

Fui absuelto en juicio oral y público. Se confirmó la absolución en Casación. Y ahora la corte suprema, que llamativamente aquí si decide meterse a analizar el fondo de la cuestión, pide revisar la absolución. (En el caso de CFK decidió no hacerlo, ahí se ve que no correspondía).
A pesar de todo el juez Rosenkrantz falla en disidencia, dando cátedra al resto de los supremos.
La disidencia del juez Rosenkrantz
Rosenkrantz rechazó esas acusaciones. Recordó que la Corte no es un tribunal de tercera instancia de revisión de los hechos y pruebas, sino que, en los casos donde no se trata de una cuestión federal como en este caso, solo puede intervenir cuando una sentencia es arbitraria, es decir, cuando tiene defectos de fundamentación tan graves que resultan intolerables para una administración de justicia racional.
En su disidencia, Rosenkrantz compartió la conclusión de los jueces de la causa acerca de que la fiscalía ni siquiera había probado que la firma del acta (solo había una copia de una copia del original) fuera de Milani, quien había negado la autenticidad de su firma y alegado que el documento era falso.
También destacó que no se había efectuado un peritaje caligráfico sobre la firma que permitiera desvirtuar las explicaciones de Milani, y que, por el contrario, el único informe técnico incorporado al juicio, elaborado por un licenciado en criminalística y experto en documentología, concluyó que “se ‘pudo determinar por lo burdo de la caligrafía que no era posible acreditar identidad caligráfica, puntos característicos visibles de la identidad, que lo que se nota son algunas alteraciones, de temblor, que son indicio de falta de originalidad’ y que ‘se trata de una imitación servil porque la falta de espontaneidad es un indicativo de una posible falsedad, una firma no armónica’, además de que ‘morfológicamente no es la firma de Milani’” había objetado las calificaciones profesionales del autor del informe, sin explicar cuál sería el error de sus conclusiones.
En ese marco, Rosenkrantz explicó que la falta de prueba no puede perjudicar al acusado. “El horrible crimen contra Ledo ocurrió en el marco de la represión ilegal, pero no todo lo ocurrido entonces es el producto del obrar de todos los hombres de armas. La concreta participación de cada imputado en los delitos juzgados debe ser demostrada en cada causa más allá de toda duda razonable. Esta es un deber inclaudicable de una administración de justicia que respeta las restricciones que imponen las garantías consagradas en la Constitución Nacional”, escribió.
Rosenkrantz agregó que, incluso suponiendo que Milani hubiera firmado el acta, no se probó que supiera que el dato era falso, es decir, que Milani hubiera conocido que Ledo no se había fugado sino que había sido privado ilegalmente de su libertad. Tampoco se demostró que Milani hubiera participado de cualquier forma en el secuestro y homicidio de Ledo o que hubiera estado al tanto del crimen. Siguiendo el mismo razonamiento la disidencia estimó que “la circunstancia de que Ledo y Milani no hubiesen tenido relación entre sí en atención a que no pertenecían ni a la misma sección ni unidad (cuestión consentida por el fiscal) y la escasa jerarquía y edad del acusado, constituyenserios indicios de la razonabilidad de la duda sobre el desconocimiento de las circunstancias delictivas de su desaparición, razonamiento que no se evidenció como arbitrario en el recurso extraordinario”.
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