Epifanio Sosa en MAPA POLÍTICO
A cuatro años del intento de magnicidio, más de 20 espacios políticos firmaron una solicitada en defensa de la expresidenta, pero la ausencia de la agrupación del gobernador bonaerense expone el abismo estratégico dentro del panperonismo.

Un texto amplio con un silencio ruidoso
El escenario político registró un nuevo episodio en la reconfiguración del mapa opositor. A cuatro años del intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner, una coalición de 23 partidos políticos difundió una solicitada institucional titulada «La democracia no admite la eliminación del adversario». El documento buscó sentar una posición categórica sobre el deterioro de las garantías constitucionales y la persecución judicial. Sin embargo, el dato que sacudió la jornada no fue solo la extensa lista de adherentes, sino la ausencia deliberada de la mesa política que responde al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof.
El documento reunió firmas de variada procedencia ideológica. Desde el Partido Justicialista nacional, representado por el senador José Mayans, hasta el Frente Renovador de Sergio Massa, pasando por Encuentro Republicano Federal de Miguel Ángel Pichetto y Patria Grande de Juan Grabois. También sumaron su adhesión sectores del radicalismo vinculados a Ricardo Alfonsín, Leopoldo Moreau y Federico Storani, junto a referentes de espacios progresistas y de izquierda como Martín Sabbatella, Carlos Heller, Claudio Lozano, Gustavo López y Juan Carlos Alderete.
Pese a la contundencia de la nómina, el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), armamento político en construcción bajo el ala de la Gobernación bonaerense, optó por no estampar su firma. Axel Kicillof limitó su pronunciamiento a una publicación en redes sociales. En su mensaje, el mandatario provincial reclamó el esclarecimiento del ataque y el juzgamiento de los autores intelectuales y materiales, evitando sumarse a la trama política que rodeó el lanzamiento del documento.
El impacto en la gobernabilidad y el ajedrez electoral
La distancia adoptada por el kicillofismo refleja una división estructural dentro del peronismo. La solicitada no funciona únicamente como un recordatorio del atentado de 2022. El texto señala expresamente la «utilización de mecanismos judiciales, políticos y comunicacionales para perseguir, disciplinar o excluir dirigentes de la competencia democrática». Para analistas del sistema político argentino, esta formulación constituye el pilar sobre el cual el kirchnerismo busca estructurar la estrategia electoral con miras a las elecciones presidenciales.
Las dinámicas internas sugieren que el sector alineado con la expresidenta busca consolidar la centralidad de su figura mediante una presencia activa en el debate público. Desde la agrupación Kolina, conducida por Alicia Kirchner, se puso en marcha la campaña «Poder elegirla». De manera simultánea, La Cámpora intensificó su despliegue territorial y digital con material audiovisual y pintadas en la vía pública bajo la consigna «Cristina inocente, Cristina libre, Cristina presidenta».

Tensiones de cara al futuro institucional
La construcción de una eventual candidatura genera debates jurídicos y políticos. En los sectores técnicos del kirchnerismo se analiza la viabilidad de presentar a la expresidenta en las primarias abiertas, bajo el argumento de que dichas instancias no constituyen un cargo público definitivo en primera instancia. La estrategia buscaría fortalecer la representatividad de la boleta y condicionar la negociación de listas en los distritos clave, principalmente en la provincia de Buenos Aires.
El enfrentamiento tácito entre el Instituto Patria y la Gobernación bonaerense plantea interrogantes sobre el equilibrio institucional del principal espacio opositor. Mientras el sector que responde a Cristina Fernández de Kirchner busca cohesionar el aparato partidario tradicional, el entorno de Kicillof prioriza la administración del estado provincial y la ampliación de su propia base social. La decisión de no firmar el documento confirma que las diferencias teóricas sobre la conducción del movimiento se han transformado en una disputa abierta por los tiempos, los métodos y las candidaturas.