NECRO-PROLETARIOS: captura, reconfiguración y escape

Por: Roberto González Villarreal,[1] Hugo Ozuna Meza[2]. 18/05/2026
NECRO-PROLETARIOS: captura, reconfiguración y escape

Durante un viaje en carretera, acompañando a familiares en búsqueda de desaparecidos, surgió un relato desgarrador.

La historia es sencilla: un chico de 17 años llamó a su madre, le dijo que había estado en un campamento y había hecho cosas vergonzosas. Que lo olvidara. “Es que ya no soy yo. Soy otro. Ya no soy tu hijo. Me obligaron a hacer cosas que tú no me enseñaste. Yo ya no volveré, pero quiero sepas que escapé”.

El adolescente había desaparecido un mes antes, en una de las comunidades rurales cercanas a las zonas mineras de Guerrero. El relato es muy parco. Da pie a muchas interpretaciones, pero hay una secuencia reconocible: un joven capturado, en un territorio de desapariciones reiteradas, sometido a actos abominables, que modifican su identidad, que lo avergüenzan, logra escapar y efectúa una última llamada para informar que vive, que huye y no se puede presentar así ante su madre.

Es el trayecto de una reconfiguración subjetiva: captura, detención, desaparición, destrucción del si mismo, recomposición insufrible, huida y abandono.

Podemos trazarlo porque, en este caso, la muerte no se presupone en la desaparición. Al contrario: la llamada reafirma la vida del que logró fugarse, no solo en el sentido del encierro, sino también de su reconversión subjetiva y relacional: se convirtió en otro, inaceptable para sí y para la re-presentación familiar. Mejor huir. “Ya no volveré…pero quiero que sepas que escapé”.

Las últimas palabras son un acto de amor del que se escapa. Un consuelo que no alcanza a serlo para quienes sufrirán su ausencia, que ya no es una incertidumbre radical, pues se sabe que está vivo, aunque quien sabe hasta cuándo, quié sabe hasta dónde, quién sabe lo que seguirá: pero está vivo, luchando, amando tanto que prefiere no volver a que su madre vea en lo que se convirtió, en lo que lo convirtieron.

Se trata de un relato minimalista que contiene más preguntas que indicaciones. Un concentrado de señales, no de respuestas, ni siquiera de hipótesis: ese es su valor, pero también su límite epistémico.

Recoger estos datos conlleva retos importantes. Sin embargo, la reiteración, existencia y registro ya son grietas. La investigación pensada en un laboratorio ideal, en una especulación conceptual o en retóricas efectistas no conocen la realidad que hoy permea la desaparición. Alumbrar es urgente, y no va a esperar el “rigor disfrazado” de conformismo que solo busca honores y escalabilidad social.

La opacidad que provoca la desaparición lo hace aún más complicado. Por eso, estos pequeños relatos son más valiosos de lo que parecieran. Enseñan cosas que nos parecen relevantes:

Desaparición no es lo mismo que muerte, ni encubrimiento de cadáveres o entierro de osamentas;
El sujeto desaparecido es el resultado de un conjunto de intervenciones sobre su cuerpo y su identidad civil, política y existencial;
La detención es una fase indeterminada del proceso desaparecedor, en la que se efectúan múltiples intervenciones sobre el cuerpo con propósitos específicos y muy variados que efectúan una reconfiguración subjetiva del desaparecido: “no soy yo…soy otro”.
La subjetivación es un proceso con objetivos particulares, dependiendo de la utilidad funcional del desaparecido: “me hicieron hacer cosas vergonzosas que tú no me enseñaste”.
La detención-desaparición es un proceso agonista de micro-agencias, en las que a cada momento se juega la existencia del sujeto, y también, como en el caso descrito, de su escapatoria.
No podemos deducir mucho de este pequeño relato. La falta de información es evidente, pero su misma parquedad es una señal inconfundible: la desaparición se presenta como un proceso, un conjunto de técnicas, de intervenciones variadas sobre el cuerpo, con múltiples propósitos.

No hay destino manifiesto. La muerte no es un sinónimo ineluctable de la desaparición, sino una de sus posibilidades; por tanto, es posible contra-intervenir, cortar, hacer cortocircuitos, nombrar, ubicar, reconocer, dinamitar incluso los dipsositivos de desaparición. Desde dentro lo hacen quienes fueron sometidos a ella, desde fuera habría que hacerlo con mayor razón, el asunto es que quienes tienen la obligación también son parte de la tecnología desaparecedora. Es un círculo cerrado, pero no inexorable.

Una cuestión más: estaba en “una especie de campo de entrenamiento”. ¿Dónde, de qué, para qué? Las preguntas se agolpan, pero ya se plantean, hace poco tiempo ni siquiera se reconocían, aunque contamos con relatos similares desde principios de los años noventa y muchos más desde principios de este siglo.

¿Un campo de entrenamiento para qué? Hace poco tiempo un primer conjunto de respuestas popularizaron un concepto: sicariato. Aluden a una función y a un personaje en el crimen organizado: el sicario, una persona contratada para matar a otra persona; un ejecutor, un asesino a sueldo. En el tipo penal es un agravante del asesinato.

El problema de este significante es que reduce el campo de inteligibilidad a los circuitos del poder soberano: la ley, la falta y la pena. Todo se desenvuelve en el marco legal-ilegal, delito, sanción y castigo.

Sin embargo, sucesos como el descrito antes son mucho más complicados. Por eso la gramática de la desaparición ha incorporado otros conceptos, como el reclutamiento.

En primer lugar, hay un desplazamiento de los campos de saber: del derecho y la criminología a la teoría de la empresa. Una definición convencional indica que el reclutamiento es un conjunto de técnicas y procedimientos para identificar y atraer candidatos calificados para ocupar puestos vacantes en una organización.[3] Algunos otros ponen el acento en el objetivo: abastecer de capital humano al proceso de selección laboral. Y otros resaltan los tipos: interno, externo, mixto y 2.0.

Las técnicas de identificación, sistematización, selección e inmersión de los trabajadores -ya no se trata de criminales, como en la definición del sicariato, sino de miembros de una plantilla de personal-, son muy diversas, se van volviendo más complejas.

Por eso a los tipos de selección anteriores se les puede añadir uno más: el reclutamiento forzado.

Se trata de un proceso en varias fases: la primera, atracción, a partir de engaños, promesas, indefiniciones, anuncios vagos; luego captura, una detención violenta, que puede ser al mismo tiempo que la atracción o después de un tiempo de recolección de otros candidatos; más tarde la detención, un sistema cerrado que permite la selección de candidatos a través de múltiples pruebas.

Esta es una fase fundamental, como en todo proceso de reclutamiento hay partes en las que se criban los potenciales trabajadores, se van eliminando poco a poco hasta que quedan los más capacitados que siempre estarán a prueba.

Lo específico de este caso es el uso de la violencia en cada una de las fases del reclutamiento. Ya no se trata entonces de otro tipo de selección y de inmersión en las estructuras productivas, sino de la reconversión de un sujeto civil y político en un trabajador que se ve sometido a procesos de reconfiguración que lo obligan a realizar actos vergonzosos -que es lo que señala el relato primigenio-.

En resumidas cuentas: la historia cuenta los retazos de la conversión de un adolescente en un necro-proletario, un trabajador creado y apropiado para las industrias que producen, distribuyen, circulan y crean consumidores de bienes y servicios criminales.

Un trabajador que, a diferencia de los obreros de la acumulación originaria, no solo no posee nada que vender excepto su fuerza de trabajo, sino que ha sido despojado hasta de la posibilidad de venderla; un trabajador criminal, un necro-proletario, al que le ha sido arrebatada cualquier capacidad decisoria. Ese es un resultado: se logró por mil y una acciones para romperle el alma, para arrancarle sus valores, sus deseos y expectativas, hasta volverlo dócil y productivos hasta la extenuación o, en ciertos casos, parte del ejército de las industrias criminales.

El adolescente de Guerrero reconoció y luchó contra ese proceso, logró escapar y comunicar que huía de quienes lo sometieron, de quienes lo deshumanizaron y también de lo que se había convertido.

En otros textos volveremos sobre esto. Hay muchas preguntas. Muchas derivas que tendremos que abordar, todas ligadas a un régimen de acumulación de capital peculiar, que hemos llamado necro-acumulación y a un tipo de gobierno que lo regula: la necro-gobernanza.

Fotografía: ucr

[1] Profesor-investigador Universidad Pedagógica Nacional. Ajusco.

[2] Estudiante de la Maestría en Ciencia Política del Instituto Internacional de Estudios Políticos Avanzados «Ignacio Manuel Altamirano” de la Universidad Autónoma de Guerrero, en Acapulco.

[3] Chiavenato, I. (2007). Administración de recursos humanos: el capital humano en las organizaciones. (8.a ed.). México: McGraw-Hill.

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