
El presidente ruso, Vladimir Putin, ha enmarcado la creciente alineación entre China, Rusia e Irán como un obstáculo duradero a las ambiciones de Donald Trump por el dominio global.
Hablando en un foro de seguridad, Putin dijo que los tres países están trabajando más estrechamente en los frentes militar, económico y diplomático para hacer retroceder contra la influencia estadounidense y desafiar lo que describió como hegemonía estadounidense.
Sus comentarios llegan en medio de las crecientes tensiones en varias regiones clave, incluyendo el estrecho de Ormuz, donde Irán ha desafiado la actividad naval de los Estados Unidos, y los mercados mundiales de energía, donde China sigue resistiendo la presión estadounidense sobre el petróleo iraní.
Putin también señaló los ejercicios militares entre China y Rusia y los esfuerzos de desdolarización en curso como señales de que un mundo multipolar está tomando forma, uno que rechaza el control de Washington sobre los asuntos globales.
Advirtió que cualquier esfuerzo estadounidense por dominar el Oriente Medio, Europa del Este o el Mar de China Meridional enfrentaría una resistencia coordinada.
La Casa Blanca rechazó los comentarios como propaganda, insistiendo en que las alianzas de Estados Unidos siguen siendo fuertes. Pero el mensaje de Moscú fue claro: Rusia, China e Irán quieren presentarse como un contrapeso unido al poder de los Estados Unidos.
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